La Ruptura Emocional: Separarse para crecer

Escribir acerca del alma tiene que ver mucho con escuchar..., atender..., cuidar... y esperar ... para poder descubrir el milagro de la abundancia de los dones que nuestra alma atesora.

Este artículo nace como agradecimiento sentido hacia la experiencia compartida en un pequeño espacio físico y en la inmensidad da las frecuencias del alma.

Una persona que no he visto en mi vida se presenta en mi gabinete. Este espacio físico pequeño se convierte en espacio sagrado tan pronto como ella decide atravesar el umbral de la confianza y se abre a corazón abierto y desgarrado para confiarme el dolor que habita en su alma y que rezuma
humedeciendo su rostro con la belleza sagrada del dolor que atraviesa el corazón... Quien ha asistido a un llanto contenido..., profundo... y liberador es muy probable que haya quedado profundamente conmovido... Porque todos conocemos, por experiencia propia, que nadie puede sustraerse al impacto que produce la expresión autentica de los sentimientos más profundos de una persona... Ante una expresión nacida directamente desde el corazón nos sentimos conmovidos por la transparencia y autenticidad del alma... La energía que fluye directa y limpiamente desde el corazón es contagiosa.

Como en tantas otras ocasiones asisto a este misterio del que he participado y aprendido en tantas ocasiones: el misterio de un corazón quebrantado, el desgarro que anticipa un nuevo nacimiento... La sensación opresiva de que la vida se desfonda y no hay camino por donde avanzar, todo se vuelve oscuro... Pareciera que no hay salida..., que todo está perdido..., que ya nada merece la pena y el sufrimiento que atraviesa cada célula de nuestro ser... Me convierto en testigo de corazón transido de dolor..., desesperado..., desesperanzado..., desamparado..., descorazonado..., desolado..., devastado..., destrozado..., desgarrado..., desfondado...

Todas estas palabras tienen un enorme poder evocador que generan espontáneamente resonancias en nuestras historias personales....

El misterio de la ruptura de una relación es como la ruptura del hechizo de los cuentos que nos contaban de pequeños nuestros adultos... Todo se derrumba y nuestra alma se experimenta dolida.., devastada..., desesperada...,descorazonada... El dolor nos invade y nos desborda inconteniblemente... El consuelo parece un espejismo que, apenas calmado nuestro llanto, vuelve a desaparecer ante el río incontenible de nuestras lagrimas...

El sentido del tiempo desaparece..., la vida ahí fuera puede que siga pero no existe relación con el mundo exterior que perdió todo su interés ante nuestros ojos y nuestros sentimientos lo llenan todo... Y nada parece poder poner fin a este estado de desgarro interior... A menudo la gente elige como metáforas espontáneas las imágenes de un naufrago a la deriva sin tener donde agarrarse o la de un incendio que lo quema todo, lo destruye todo. La vida anterior se consume y desaparece irremediablemente ante la mirada dolorosa e impotente de quien lo sufre...

Si nos quedáramos en este punto de la experiencia nos quedaríamos en un agujero negro que amenazara con hacernos desaparecer del mundo y reducir nuestra experiencia de vida a un absurdo colmado de dolor y desgracia... Acamparíamos en el territorio de la impotencia y la desesperanza incapaces de vislumbrar un futuro alternativo... Quedaríamos expuestos al peor de los monzones que llevan la desolación al alma.

Y sin embargo una experiencia por la que todos vamos a pasar a lo largo de nuestra vida ha de tener un valor y revelar algo esencial de la existencia humana...

Y asi es, esta experiencia dolorosa se convierte en el espacio y el tiempo de la transformación mas profunda, de aquella que tiene como objeto el acceso al misterio de nuestro yo mas verdadero e incondicionado... al regalo de nuestra alma... Los sabios medievales usaban la metáfora de la alquimia para poder pensar a través de estas experiencias emocionales de muerte y renacimiento...

 

De modo análogo a como el cobre se enriquecía hasta convertirse en oro, así también nuestra alma sigue su propio curso de transformación a través del dolor consciente que va unido a la apertura de las capas mas profundas de nuestro corazón y de nuestro psiquismo. Es precisamente en ese abismo que se abre dentro de un corazón destrozado donde emergen las heridas y experiencias previas de dolor, rechazo, abandono, humillación, que anidan en los cimientos de nuestra alma.

Al acceder a estas viejas heridas originarias el dolor se libera y en un proceso que se tomara el tiempo necesario la persona familiarizada con la fragilidad , vulnerabilidad y el dolor humano emergerá de este proceso mas compasiva y por lo tanto portadora de la energía sanadora mas preciosa en el mundo... La persona desarrolla un grado de conciencia mas amoroso que le capacita a modo de antídoto para recrear espacios de sanación donde la desesperación y el dolor den paso al fluir limpio y transparente desde el corazón.

Nuestra cultura reniega de estas experiencias de dolor de manera casi dogmática y las combate con toda suerte de drogas legalizadas que se constituyen en fuente de enriquecimiento bastardo, privándonos a las personas del proceso de crecimiento y maduración necesarios para alcanzar una madurez emocional y una profunda intimidad.

Lo que nos propone el modelo médico socialmente admitido y financiado es algo así como la renuncia de la serpiente a mudar de piel cuando va creciendo. Se nos invita a que nos quedemos con la primera muda psicológica y que no podamos crecer mas allá de las estrechas anchuras de nuestro condicionamiento familiar.

Se nos obliga a permanecer en el tiesto cuando el dolor nos despierta a la realidad de que debemos abandonar el recipiente de arcilla para ser plantados en la montaña sagrada de la vida, abiertos a la riqueza del sol y de los vientos, a las inclemencias climáticas y al gozo de vernos crecer fortalecidos en la prueba.

Luis Carlos Gómez Serrano
Psicólogo – Cuidador del Alma -

®

C/ Camarena 96. Bajo

28047, Madrid.

elcuidadodelalma@gmail.com

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Psicología del Alma